10 de febr. 2017

El juez Vidal y las tinieblas

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Fotograma de "El juez de la horca", una genialidad de John Huston

Según reza una definición de la palabra "proceso", un proceso es una secuencia de pasos dispuesta con algún tipo de lógica que se enfoca en lograr algún resultado específico. De ese modo, una sesión de sadomasoquismo o de tortura (ya sea consentida o no) sería un "proceso". Luego está lo que se llama "proceso" en el ámbito judicial, pero eso ya es otro asunto bien distinto.

Uno intuye que en la secuencia de pasos habrá momentos de toda clase: amables, divertidos, amargos, ácidos. La naturaleza también tiene sus procesos, en los cuales la lógica es otra distinta a la humana: morir también es un proceso.

Y luego está el llamado "proceso independentista catalán", que sigue una lógica especial. Sin embargo, es evidente que en ese procesos se pueden identificar diferentes secuencias. Lo que antaño se presentó como algo simpático, festivo y una celebración democrática (sus promotores llegaron a presentar su revolución como "la revolució dels somriures") hoy vive un instante de rudeza inaudito en la Cataluña que presumía de pacífica, heroína del pacto y del diálogo, árbitro de la elegancia.

Y no tan solo porqué el independentismo convoca a lo peor de cada uno, si no por que la cosa se está embarullando y ya nadie parece estar en condiciones de adivinar cual será el paso siguiente: la lógica se ha evaporado y solo permanece una desagradable incertidumbre, que se suma a la incertidumbre global. 

A medida que el proceso entra en esa fase de rudeza, desprovisto de épica, de poesía y de sonrisas, van emergiendo los posos, eso que anida en el fondo oscuro y turbio del alma humana y de la historia trágica de la humanidad. Parece que venimos del horror y la barbarie, y que lo que deseamos secretamente es volver a ellas. Me pilla la redacción de este texto terminando "El corazón de las tinieblas" y quizás ese "horror" me tiene subyugado. 

Pero algo hay: el juez inhabilitado y reciclado en senador que iba por ahí jactándose de usar información obtenida ilegalmente de los ciudadanos desciende del señor Constantino, un notable falangista, militar y alcalde de un pueblo del vinícola Penedès. Uno suele mejorar respecto a la generación que le precede, incluso llega a mejorar ideológicamente. Pero sin ser psiquiatra forense, todos sabemos que en el fondo hay una oscuridad que se arrastra, en silencio, burbujeante y semilíquida como los monstruos psicoanalíticos de Lovecraft.

Para que no me digan que me meto con los difuntos y que practico un argumentario feo, voy a hablar de mi padre. Mi padre era un hombre de izquierdas (de la izquierda independentista arcaica, la de los años 70). Había leído, había militado en un partido clandestino y fue detenido varias veces. Cuando Franco o alguno de sus gerifaltes acudía de visita a Barcelona, le llevaban al calabozo de forma preventiva y casi amable, diría yo. Cuando la autoridad visitadora se largaba para sus fueros, le soltaban y todos tan amigos. Todo eso lo cuento como prólogo. Luego estaba la otra faceta de mi padre. A pesar de sus ideas progresistas (socialista, colaborador con la resistencia antipinochetista, antisomozista y etc etc), era, en familia, un hombre de praxis autoritaria y represora. La disciplina para con sus hijos ocupaba una parte central en sus ideas de lo que debía ser su labor como progenitor y educador de niños. Ese poso represor, que se apaciguó mucho con los años, las enfermedades y la proximidad de la muerte, era algo heredado. No solo de un padre (mi abuelo) muy conservador, bastante primitivo, rural y simpatizante de Franco, si no de una época: la época gris del franquismo en estado salvaje, cuando el sistema se mantenía mediante la violencia.

Para desembarazarme de ese fondo oscuro, yo tuve que detenerme y bucear dentro de mi, desaprender para aprender de nuevo. Y aún así no estoy muy seguro de haber saneado completamente ese viejo cajón.

Creo que al juez lenguaraz le pasa algo parecido a lo que le pasaba a mi padre. Cuando uno quiere que sus ideales políticos se conviertan en realidades, se remite a su fondo oscuro. Eso es una guerra, al fin y al cabo, y en la guerra todo vale. Hay algo feo y pringoso en lo que dice el juez. Pero también en lo que suelta el señorito Puigdemont, en lo que lee uno en la prensa procesista, en lo que se ve por ese Twiter que canaliza bilis a destajo como un río desbordado por la mala uva infinita que anida en las profundidades de la caverna del alma.

Uno debe detenerse a meditar: se planteaban crear un nuevo país (con todo lo adánico de la propuesta), un país virginal, paradisíaco, ejemplar. Pero al primer escollo parece que se nos propone un estado infernal, puesto que se ha despertado la bestia que dormía en el fondo.

Puestos a confesar, confesaré otro asunto familiar. Mi hermano, hijo del mismo padre al cual me he referido antes, me dijo un día (siendo tanto él como yo jóvenes e imberbes): yo me haría pacifista, pero para hecerme pacifista tendríamos que cortar antes muchas cabezas.  

2 de febr. 2017

Un catalán en la corte del Rey Arturito

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Quince años atrás escribí el guión para una novela de humor. Era la primera vez que se me ocurría lo de la novela de humor (y sarcasmo). Dejé escritas unas diez páginas de esquemas, notas, apuntes sobre personajes y una primera plana en la que se presenta el narrador, un tipo catalán y desquiciado que escribe desde Burgos, ya que ha pedido asilo político en España. Un catalán refugiado en el santuario español, escribiendo en una libretita, sentado ante la catedral burgalesa con un tetra-brik de vino Don Simón a su lado, fiel como un perrito. Eso sucede unos meses después de la independencia de Cataluña. Para que luego digan que el independentismo y sus grotescas crónicas son cosas recientes.

La novela trata de Celdoni Puidengolas, un funcionario gris del Departament de la Presidència al que se le encarga investigar si en Cataluña existe alguien con pedigrí monárquico, descendiente de los antiguos Condes de Barcelona o de cualquier otra rama noble del feudalismo catalán medieval. Estamos en 1984 y el protagonista se inspira en un tipo que descubrí en "El abrigo", que es un cuento de Gógol desternillante.

En el primer capítulo, Celdoni es llamado a la casa que tiene en Pedralbes un misterioso alto cargo del régimen catalán. Le cuenta que el Govern ha decidido conspirar para la independencia de Cataluña, y que para lograrlo cree que debe construirse una monarquía sólida y verosímil, algo que levantará los ánimos patrióticos del poble català, ansioso por revivir sus glorias medievales. Le nombra a Pere I, a Martí l'Humà, las crónicas de Ramon Muntaner, los almogávares y el "desperta ferro!" y etcétera. Celdoni, como es de suponer, se emociona y besa los pies del hombre misterioso, orgulloso de recibir tan alto encargo. Cuando sale de la entrevista y camina por la Avenida de Pearson, entre aquellos palacetes, llora y busca una iglesia para poder arrodillarse y dar las gracias al Altísimo.

El hombre empieza su labor con método y disciplina, tal como sería de esperar en un funcionario chapado a la antigua, un tipo que ganó unas oposiciones durante el franquismo y fue reabsorbido por el catalanismo autonómico (ya que su familia siempre fue de misa, de la sardana y seguidora de las letras catalanas).

La novela sigue las andanzas del caballero, a la búsqueda de un futuro rey para Cataluña. Se trataba de reirse de las novelas artúricas. Y a la vez que del Gran Garbancito: cuando escribí aquél guión, Garbancito Pujol era el Gran Virrey de Cataluña. El Gran Visir de l'Eixample, el pequeño gran hombre. En la novela, Garbancito es un tipo corrupto y ladino pero quizás menos de lo que luego hemos conocido. Ya lo dice el tópico: la realidad supera a la ficción.

Y también la supera en lo malos que imaginé a los independentistas. Unos tipos conspiradores y cínicos, demagogos y postfascistas. Pero también menos de lo que luego la realidad nos ha revelado. Lo único que era imposible intuir era el asunto de las CUP, algo que debe aparecer obligatoriamente en una novela de humor contemporánea y catalana. Quizás no hay nada más cómico que David Fernández y Anna Gabriel apoyando las políticas de Convergència des de su fabulosa radicalidad Trotskista. Fabuloso.

Las desventuras del desdichado Celdoni se complican cuando, cada vez que descubre un posible heredero del trono catalán, este aparece muerto en extrañas circunstancias. Accidentes de tráfico, aparentes víctimas fortuitas en un atraco con disparos, de un atentado en plena calle, etc. Un día, el pobre Celdoni se da cuenta de que la policía le va a tomar por el principal sospechoso, ya que los nobles aparecen muertos poco después de haberse entrevistado con él. Es entonces cuando despierta y comprende: el Molt Honorable le está usando para eliminar cualquier noble que pueda ensombrecer su auténtico propósito, que no es otro que erigirse en Rey de Cataluña para luego cederle el trono a sus hijos.

Una vez desfacido el entuerto, Celdoni huye a España temiendo la detención por los Mozos de Escuadra en el mejor de los casos. Y en el peor, aparecer muerto en cualquier cuneta de la montaña de Montserrat o en la playa de Cadaqués, cerca de la mansión de los Rahola. Cuando escribí esas páginas, la señora Rahola ya era esa persona engreída, bravucona y trabucaire que, con el paso de los años, ha crecido dentro de ella. Cosa rara viniendo de clase alta y siendo señorita de mierda, ya que suelen ser más elegantes.

La novela no se escribió jamás, ya que me incliné por la cosa gótica, el misterio y todo eso. Quien sabe si, después de publicar este artículo, un editor atrevido me encarga que la escriba. Alea iacta est, como dijo Wifredo el Peludo mientras estampaba sus cuatro dedos en el escudo de marras (¿porqué no se los metió en el trasero?). Ahora que me acuerdo: sobre Wifredo también escribí algo, de joven, cachondeándome de la falta de escudo de la realeza catalana.


25 de gen. 2017

Pornografía en las ruinas


Un escritor sueco, recientemente muerto, se pregunta en sus memorias qué rastros va a dejar nuestra civilización. ¿Bach? ¿Beethoven? ¿Algún edificio emblemático? Nada de eso, concluye con pesimismo: lo que vamos a dejar son residuos nucleares y bolsas de plástico flotando en los océanos, islas de basura por donde antaño navegaban fantásticos piratas, corsarios y siniestros balleneros atraídos por el abismo, amén de delirantes marinos temerosos del horrible Kraken. Ese será nuestro legado a la posteridad, dice el sueco: masas ingentes de basura mortal.

La lectura del autor nórdico me llevó a pensar en el asunto de las ruinas, esos trastos viejos que el pasado nos deja para que soñemos despiertos en una antigüedad que a veces asusta y otras enamora. Me gustan las ruinas. Hace unos años me descubrí una afición nueva, que consiste en penetrar en edificios abandonados provisto de una cámara fotográfica.

Hace poco conocí el término ruinporn. Se refiere a un género de reportaje gráfico que consiste en exhibir ruinas. Me pregunté si la exposición de las casas en ruinas y la pornografía son conceptos próximos. Me respondí que posiblemente sí, porque el asunto de la impudicia está presente. Las actrices y los actores de la pornografía muestran su yo más íntimo, más desprovisto, más rudo. Nada hay más profundo que la piel, dijo Oscar Wilde.

Quién practica el ruinporn cuenta un relato de la degeneración y la decadencia sobrecogedor, es una crónica del desasosiego. Se narra la desolación, el abandono y la soledad, la terrible soledad y la degradación de la casa deshabitada. Suelen escogerse mansiones burguesas, masías señoriales, falsos castillos del siglo XIX o del XX -cuando todavía permanecía el sueño de un mundo bien ordenado en clases, grupos y categorías. La caída de lo que estuvo arriba siempre es más sugerente que la más que previsible y sosa destrucción de lo que nació casi destruido: pocas veces he visto fotos de bloques obreros abandonados.

Pero... (ahí está la inevitable conjunción adversativa) en las ciudades próximas a la central nuclear de Chernóbil -como Prípiat-, hay quien ha sacado instantáneas magnificas del ruinporn, por la vertiente soviética y obrerista. A la ciudad de Prípiat, que está en Ucrania, la conocí en uno de los textos más estremecedores de nuestra contemporánea Svetlana Alexievich, "Voces de Chernóbil". La ciudad abandonada muestra esa arquitectura comunista que se produjo en Polonia, Rusia, Rumanía, Albania… Sin embargo, lo que he aprendido mirando fotos de las ruinas de Prípiat es que se parece a muchos barrios, siempre periféricos, que uno puede ver en París, Lión, Madrid, Barcelona, Terrassa, Sabadell y Bilbao. Es la misma arquitectura de los bloques de San Adrián de Besòs o de Bellvitge, o del municipio de Badia del Vallès, antaño suburbio de Sabadell. Edificados por arquitectos a sueldo de la burguesía catalanofranquista, son construcciones fabulosamente similares a las de las afueras de Kíev, Budapest y Bucarest. Para los obreros del mundo había un cánon arquitectónico, ya fuesen estos del bloque socialista o del otro. Hoy, ya casi extinta la clase obrera, aquella arquitectura prosigue, ahora dirigida a los pobres en general, tanto si trabajan como si no.

Resultat d'imatges de pripiat

Me doy cuenta de que la mayoría de las estrellas de la pornografía actual proceden de aquellas zonas, las que pertenecieron al bloque comunista de Europa. La exhibición de culos, coños y pechos de jóvenes búlgaras o ucranianas es, en realidad, una exhibición del desastre, una mirada descarnada sobre la miseria, el ocaso de la civilización de la hoz y el martillo.

Cuando mis padres hubieron fallecido, tuvimos que sacar todo lo que había en el piso en el que habían vivido. Era un piso de alquiler y el arrendador nos impuso un plazo de un mes para entregar las llaves de la vivienda, que debía devolvérsele vacía, tal como se la había entregado 40 años atrás a mis progenitores. Mi hermano y yo llevamos a cabo el encargo manual y artesanalmente, lentamente. Creo que el propietario llegó a irritarse: tardamos más de tres meses en devolverle las llaves. Durante este tiempo saqué bastantes fotos de las estancias, progresivamente desnudas. También hay algo pornográfico en ese registro de las fases del proceso de aniquilación, fue un streep-tease como el de las mujeres del Este.

Finalmente ya solo estaba la piel del piso y nada más. Las paredes lisas, de un blanco que en algunos rincones viraba hacia el amarillo y en otras hacia el gris. Son los mismos colores que asoman en la piel de los cadáveres cuando llevan unas horas en esta condición definitiva. Cuando ya casi no quedaba nada, apareció el eco. Los pasos y las voces -muy escasas porqué casi no hablábamos, no podíamos- reverberaban con tristeza, con una solemnidad triste. La última foto muestra un espacio desolado (¡qué palabra tan bonita!) e irreconocible. Podría ser el salón o cualquier otra estancia de lo que fue una casa llena de vida, sonidos y olores. Solo hay una sórdida colchoneta de espuma enfundada en una tela de un azul desleído), arrinconada. Es ahí donde dormí la última noche, una de las noches más importantes de mi vida.


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Otra versión de este texto se publicó en La Charca Literaria el 22 de noviembre de 2016. En aquella ocasión, el título era ligeramente distinto: "Pornografía y ruinas". Situar la palabra "pornografía" en el título de cualquier texto que se cuelga en la red cosecha gran número de visitas. Cualquier palabra del campo semántico del sexo lo consigue. Esa era la hipótesis que pretendía validar. Entonces se comprobó que la hipótesis era buena.

Las fotografías que abren y cierran el texto están tomadas en un pueblo catalán que creció al lado de una explotación minera en la cuenca del Llobregat. Un terrible accidente con muchos muertos provocó el cierre de las minas y hoy es pura pornografía industrial y obrera. Se puede visitar a cuenta y riesgo del visitante. El riesgo no es igual a cero, ya que se desmorona por momentos. Bueno, como toda Cataluña.

21 de gen. 2017

Ética de la desaparición

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Suele hablarse del "hombre de las cavernas", el que pintaba bisontes y leones en las paredes de piedra de sus cobijos, en el vientre de la roca. Sin embargo, a mi se me ocurre que quienes pintaban eran las mujeres. En eso de la ilustración siempre hubo más mujeres, y además me temo que los hombres andaban muy atareados con sus cacerías, o en sus rutas por las prototabernas.

Creo que el desarrollo de la conciencia y del arte fue algo femenino, posteriormente usurpado por los hombres. Es cierto que nutrir a las crías, educarlas y cuidarlas debía de ocupar mucho tiempo a aquellas mujeres, pero quizás lo de dibujar en los muros formaba parte de su arduo y delicado oficio. Incluso hoy, las maestras de niños pequeños suelen ser mujeres todavía, y dibujan en las pizarras y escriben palabras con tizas en el áspero campo verde colgado de la pared del aula.

Yo ahora escribo en una pantalla retroiluminada (lo llaman así, creo), y eso es un soporte mil veces más sutil, más inestable y más efímero que la roca de la caverna. A veces me resulta muy difícil decidir para qué y para quien escribo. A veces tengo en la mente a un lector ideal y desconocido, irreal, alguien conectado a mi longitud de onda, alguien que quizás no ha nacido todavía o quizás lleva siglos muerto.

Hace dos años empecé a escribir una novela y decidí hacerlo en libretas baratas, compradas en bazares chinos de barrio porqué me asqueaba la pantalla retroiluminada de las narices. Llevo ya cuatro libretas llenas de palabras dispuestas en hileras, como hormiguitas laboriosas y responsables, ordenadas, pulcras. Hileras de hormigas que avanzan hacia alguna parte del mundo que desconozco. A veces pienso en estructuras narrativas complejas e ingeniosas, pero siempre intento no olvidarme de que es lo que quiero contar. Eso no es fácil, ya que, a uno, lo que quiere contar a menudo se le desvanece.

El tema de todo eso es la desaparición. Es algo que me horroriza y me fascina: lo fácil que es desaparecer, la cantidad de personas que desaparecen de mil maneras, por mil motivos. Hay gente que desaparece y consigue hacer como si la tierra se los hubiese tragado. A otros les desaparecen. En latinoamérica hubo, en tiempos recientes, gobiernos y regímenes especializados en hacer desaparecer a mucha gente, y al servicio de esta causa pusieron medios tan portentosos e imaginativos como sádicos y macabros. No hay que menospreciar la capacidad humana para el mal, y por eso debemos esforzarnos tanto en la educación y la prevención.

La novela de las libretas chinas, con el paso de los años, me está desapareciendo. La vida ha entrado en ella y se me está llenando de verdad a medida que lo novelesco se desvanece. Han entrado en ella mis sueños, mis temores, mis esperanzas. Y sucesos sucedidos y nombres de personas que existen y andan por la calle a diario. Cuanta más vida entra en ella, más se evapora la novela. Me siento como la mujer de las cavernas, pintando en las paredes con la ilusión de que alguien lea, de que algún día futuro alguien se detenga ahí delante provisto de una linterna y mucha paciencia.

Quizás la novela que quiere desaparecer se publique algún día, y creo que en ella solo se verá una trama más o menos de intriga sobre un tipo que busca personas desaparecidas y que él mismo, a su vez, también va desapareciendo. Quien persigue demasiado tiempo al lobo termina por parecerse al lobo. Si no pasa nada malo, la novela se publicará en una colección de novela "negra" y por lo tanto el lector se verá inducido a tomárselo como una trama de asuntos negros, crímenes, investigaciones y etcétera. Estos días se está celebrando un festival de novela negra al que he decidido no asistir. En los últimos tres años he tenido algún tipo de protagonismo en este mismo festival y me apetece el descanso y la desaparición. Es más que posible que nadie me eche de menos, o incluso que nadie se de cuenta de que no he ido.

Me pregunto porqué pensamos tanto en tramas ingeniosas, argumentos y personajes y tan poco en la ética. A lo mejor es un problema catalán: los catalanes están obsesionados en tener rasgos diferenciados del resto de la humanidad cuando en realidad no tienen nada distinto ni especial, ni nada que aportar. A veces pienso que desaparecer tiene sus ventajas. Hay idiomas que desaparecen porqué es mejor así. Bueno, estoy contando todo lo que se me ocurre sobre el asunto de la desaparición. Y además mi protagonista me está desapareciendo, lo veo cada vez más perdido. Se me ha ocurrido que mi protagonista podría abandonar la investigación sobre desaparecidos de repente, enamorarse de alguien de pronto y olvidarse de su investigación. Sería una forma de concluir el relato. Plotino (un discípulo de Platón tanto o más místico que el maestro) decía que en el alma humana hay un impulso tremendo que le empuja a disolverse en el cosmos. El amor es una herramienta al servicio de ese impulso, sin duda.

Quién sabe qué querían contar las mujeres que pintaban en las cuevas. Desaparecieron los leones y los bisontes de España. De aquellas fieras ya no queda ni una sola. Y las propias mujeres de las cavernas también desaparecieron, y solo nos queda ese rastro de carboncillos en las paredes, la prueba de ese exceso de conciencia metida en un cuerpo, eso que llamamos "ser humano" y que empezó hace decenas de miles de años.

Creo que llevo rato escribiendo y he perdido el hilo de lo que quería contar. Algo sobre la desaparición y el impulso de disolverse. Creo que debería desandar lo escrito y buscar, buscarme. Eso es escribir. Lo demás es confeccionar tramas policiales y pueriles: lo bonito es escribir para poder desaparecer en el texto, como Eusebio Poncela desaparecía en la cinta de celuloide de "Arrebato".


15 de gen. 2017

Lázaro Carvalho


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Cuando uno menos se lo espera, sucede. Dicen los judíos, hablando de Jesucristo, que la liebre salta donde menos te lo imaginas. (A ellos les saltó la liebre en un pueblecito de Palestina, hay que joderse). En esta ocasión de la que hablo, una noticia del mundo literario aparece en el noticiario de la tv. Increíble. La noticia cuenta que Pepe Carvalho, el personaje de Manolo Vázquez Montalbán, resucitará por obra y gracia del escritor Carlos Zanón, mediante la intercesión de un poderoso grupo editorial. Cuando no te lo esperabas, el mundo literario español se revuelve y genera sorpresas. Mira tu por donde, la región más analfabeta de Europa es capaz de levantar el vuelo. [Veremos como encaja el asunto el mundillo catalán soberanista-referendumista, porqué el caso les estalla en su región: se trata de literatura escrita en español en territorio catalán. Liebre al cuadrado. Se atormentan las vecinas, o se avecinan las tormentas: conociendo un poco la obra de Zanón, aventuro que a los indepes no les va a gustar el Carvalho resucitado, eso es una hipótesis malintencionada, por supuesto ].

La noticia es simple y en realidad se trata solo de una maniobra comercial, nada más. No hace falta desgarrarse las vestiduras. Eso de Carvalho y Zanón no es nada más que como cuando Coca-cola anunció la versión de su refresco llamada "Zero": una estrategia comercial para vender un poco más: cosas del capitalismo y sus ansias por exprimir el limón hasta que no quede ni una sola molécula de él.

Vender libros en España no es nada fácil, y desde luego es más fácil vender coca-colas en un mundo ansioso y dependiente de los placeres inmediatos, burbujeantes y con el azúcar elegantemente camuflado. Cualquier cosa que se haga para vender más libros debería ser aplaudida sin remilgos: somos un país profundamente ignorante, escasamente lector y casi analfabeto funcional. Con la literatura de entretenimiento no se aumenta el nivel intelectual de una comunidad, pero por lo menos se supone que se mantiene el noble hábito de la lectura, lo que ya es algo.

Todo el mundo sabe que nadie empieza leyendo literatura de entretenimiento para pasarse luego a Tolstoi, ni de J.K. Rowling se pasa a Herman Melville, ni de Mortadelo a Bolaño. Pero hay que mantener la esperanza de que a lo mejor, quizás, en un futuro hipotético...

La noticia solo cuenta que una poderosa editorial ha fichado a un escritor para resucitar al personaje debido a un autor muerto años atrás. Vázquez Montalbán murió en Bangkok y en un ya lejano 2003. Pero no hay nada nuevo bajo el sol: eso ha sucedido varias veces en la literatura popular, e infinitas en el cine. Piense usted en Ian Fleming y su agente 007. Hammett se convirtió en personaje literario de la mano de Joe Gores. Osvaldo Soriano recuperó a Marlowe. El agente de a CIA Jason Bourne saltó de autor en autor. El último caso que conozco es el de David Lagercrantz, autor que sustituye a Stieg Larson para continuar con las aventuras de Lisbeth Salander al frente de la franquicia "Millenium". Al fin y al cabo, eso de la novela negra solo es literatura popular, para qué nos vamos a engañar.

Luego están los puristas y los ortodoxos de siempre, que se quejan: ¿puede un autor resucitar y dar nueva vida al personaje de otro autor (muerto)? Hablando en plata: ¿Carvalho puede revivir de la mano de Carlos Zanón? ¿Qué interés literario podría tener ese invento? Una cosa es que un autor decida usar personajes de otros en sus novelas, y otra cosa muy distinta es que el ejecutivo de una editorial se líe a resucitar personajes con el argumento de que tiene les derechos legales que le permiten hacerlo. Pero enfin, eso son cosas comerciales, nada que ver con la literatura, no hay que mezclar conceptos.

En el Nuevo Testamento se cuenta la historia de un pobre diablo, un tal Lázaro. Jesucristo, para demostrar el tremendo poder que le ha sido transferido por el Dios, le encuentra muerto y le resucita en un plis-plas. Es un episodio oscuro del libro sagrado, ya que de Lázaro no se sabe casi nada y ni tan siquiera se le vuelve a nombrar nunca más. ¿Qué vida llevó el pobre zombi en Palestina? ¿Fue feliz en su segunda vida? ¿Cómo le trataron sus amigos y familiares, viéndole vivo de nuevo cuando le habían visto muerto? ¿Consiguió los favores de alguna mujer, sabiéndole vuelto de entre los muertos?

El vínculo entre autor y personaje es algo delicado. ¿Tintin sin Hergé? Carvalho y Vázquez Montalbán forman una pareja metafísica, ya que el vínculo entre autor y personaje parece demasiado estrecho, sutil y mágico como para poder sustituir al autor y poner a un interino en su lugar. Carvalho aficionado a la comida: eso lo puede recuperar Zanón. Puede hacer un estudio psicológico y de hábitos del personaje, de su forma de hablar, el tipo de frases y de opiniones que formula para imitarlo e insuflarle una cierta apariencia de vida nueva manteniendo sus tics, sus manías, su casa, sus amigos y amigas. Pero ¿será el mismo? Y sobretodo: ¿es ético resucitar a Lázaro? ¿Se dio cuenta Jesucristo de que con su arrebato de soberbia divina condenó a Lázaro a llevar una segunda vida de mierda y -lo que es peor- a morir dos veces?