27 jul. 2016

La luz prodigiosa


Entro en el viejo casino de pueblo. Es un salón enorme, de una sola pieza. El mostrador del bar, al fondo, parece lejano o diminuto. El sonido reverbera como en un templo. Si, hay algo de templo de una religión indígena y perdida. Mármol gris, paredes color crema y en lo alto el tragaluz por el que desciende suave una luz blanca y matizada hasta las mesitas, para que brillen los vasos y ese juego de ajedrez de cristal. Hay poca gente, y todos son gente mayor. Los abuelos del pueblo, con sus cortados y sus vinitos.

Me pregunto porqué me encuentro tan a menudo en interiores como este, casi vacíos. Todo está tranquilo, e incluso el reloj art déco con su marco dorado se detuvo una tarde, nadie sabe cuantas tardes de cuantos años habrán pasado des de que las agujas se detuvieron. Al fondo, y justo antes de la puerta que comunica con el patio trasero (en done estalla una luz sideral) hay estanterías y mesas con montones de libros. Preciosamente desordenados. Me cuentas que la gente deja libros usados aquí y el dueño del local los vende a 2 euros. En este país resquebrajado nadie pierde el tiempo, la pela és la pela. Comentamos que el 2 parece excesivo, bastaría con cobrarlos a 1. Sea como sea me gustan las segundas vidas de los objetos y en especial de los libros, de los discos y de las lámparas de sobremesa. Me paseo entre los montones de papel impreso y cubiertas de colores. Las hay chillonas y las hay tímidas. Rebaso el rincón infantil. Y entonces me encuentro ante una gran mesa de color nogal, donde los libros crecen en columnas (¿estalagmitas?). El tercero contando por arriba en la estalagmita en donde se ha posado mi mano es un librito delgado. En la portada está la foto de Federico. Cuando digo "Federico" suele ser Federico García Lorca.

Se trata de "La luz prodigiosa", la primera novela que publicó Fernando Marías, en Madrid, 1992, Ediciones Libertarias, premio de novela Ciudad de Barbastro 1991. Lo agarro con la mano y me lo llevo con el celo de un niño, deprisa, hasta la barra del bar para pagárselo al camarero chino, como si me asaltara el temor de que alguien vaya a llegar y me lo quite. El hombre deposita las monedas en la palma de su mano, las mira y me obsequia con una sonrisa que valoro en mucho más de 2 euros.

"La luz prodigiosa" trata, justamente, de barras de bar y de gente solitaria y perdida que se encuentran y se pierden. Un periodista desorientado y decepcionado (vaya usted a saber de qué) ha ido a cubrir los actos de la conmemoración de la muerte de Lorca, y por la noche conoce a un vagabundo borrachín en un antro. Le invita a unos coñacs y el mendigo, a cambio, le ofrece el relato que es el meollo de la novela:
-Además, Federico García Lorca no murió en agosto de 1936. Puede que todavía esté vivo.
Eso es lo que le suelta el mendigo, y así arranca la novela.

El relato, escrito de un tirón y sin particiones ni trucos es la transcripción del monólogo del viejo. Empieza cuando era joven y viajaba en un motocarro para repartir pan por las aldeas, en 1936. Una madrugada se encontró el cuerpo de un moribundo con heridas de bala en la cuneta de una carretera secundaria. Le llevó a su chabola, lo cuidó y le curó. El herido se recuperó, pero su mente quedó en blanco, como borrada de un plumazo (de un balazo). Amnesia o algo así. El tipo no habla y tiene la mirada vacía. Pasado un tiempo, el hombre deja al herido al cargo de unas monjitas, en un centro psiquiátrico. Beneficencia franquista pero beneficencia al fin y al cabo.

Luego sigue narrando la historia de ese anónimo salvador a lo largo de 30 años, durante los cuales pierde y reencuentra al herido, convertido en un vagabundo urbano que pide limosna para comprarse vino y bebérselo en los tugurios y los callejones de una ciudad gris, con guardias civiles y miseria y putas cansadas. Litros de alcohol y tristeza y soledad. No hay nada alegre, en efecto. Cuando leo libros referidos a la postguerra y la vida de los trabajadores en las ciudades del franquismo no puedo pasar por alto que este tuvo que ser el paisaje de la juventud de mi padre, aunque él jamás lo contó como lo hace Fernando Marías (casualmente, el nombre de mi padre era Fernando).

A lo largo de unas justas 125 páginas se cuenta una historia densa y a veces deprimente. La relación quizás enfermiza del hombre que recogió a un herido y ese herido que deambula, sucio y borracho, por las calles. El benefactor ha quedado atrapado por su buena acción, se ha establecido una dependencia inquietante. Le sigue, le busca. Al cabo de 30 años vuelve a ayudarle y es entonces cuando, milagrosamente (aunque eso estaba anunciado des del principio) el sujeto recobra la memoria de repente. Poco después, y viendo las noticias, el protagonista descubre que salvó al poeta Federico García Lorca. Y es entonces, en las diez páginas últimas, cuando por fin se formula el concepto de "la luz prodigiosa". La luz prodigiosa es un instante del día, en la madrugada, es el momento en que las partículas de luz sustituyen las de la oscuridad y la mente se abre a una libertad infinita. Es el instante de la revelación y de la epifanía diaria.

La novela concluye con el periodista escribiendo en su libreta el relato del viejo borracho, sentado en el asiento de un tren que -suponemos- le devuelve a casa. El periodista ha decidido que el relato es cierto, que cuenta la verdad. Sin embargo, al lector se asaltan dudas de toda clase, imágenes y sugerencias de colores distintos. Apunto algunas: en el relato hay pistas (pistas débiles, pero pistas al fin y al cabo) que remiten a la obra de Lorca. ¿Es el propio Lorca ese borrachín que habla con el periodista? ¿Los biógrafos de Lorca prefieren que su poeta esté muerto? ¿Qué habría hecho Lorca con su vida, en caso de sobrevivir al fusilamiento de agosto del 36? ¿Qué vidas puede haber en el pasado del vagabundo alcoholizado que duerme en el cajero automático de mi calle? ¿Elvis está vivo y trabaja en la gasolinera de una carretera secundaria cerca de Galveston?

A mi, que un relato gris y triste termine con un estallido de luz milagrosa me lleva a pensar (y a sentir) algo parecido a un agradecimiento infinito, como lo que se siente cuando uno palpa algo de una bondad intangible. "La luz prodigiosa" es una historia de amor, de tristeza, de soledad y de encuentro.

Ahora, cuando arrecian los debates sobre el futuro de la novela y de la novela negra en particular, acabo de encontrar algunas respuestas y muchas más preguntas. Eso es muy bueno. Por lo menos para mi.

Ahora me doy cuenta de no elegí a este libro entre los cientos que se hacinan en la librería: el libro me eligió a mi y por eso también participo de ese agradecimiento a algo que debe ser, simplemente, la vida.

_______________
"La luz prodigiosa" tuvo una adaptación al cine dirigida por Miguel Hermoso en 2003.



Enrique Morente y Lagartija Nick versionan a Leonard Cohen cuando versionó los poemas de Federico en "Poeta en Nueva York":






20 jul. 2016

El fantasma de mi padre y los barcos



Tras el verano vendrá el otoño. La rueda que no cesa, el mito del movimiento perpetuo. Mi padre murió en un otoño de hace... ¿cuántos años? Es terrible y feo decir eso, pero he perdido la cuenta. El verano anterior a su muerte fue un verano de sequía y de angustia. Como si su agonía se hubiese proyectado en el cielo ralo y polvoriento, desfallecido, malsano. Fue un verano raro que, en mi memoria, huele a desinfectantes y a batas blancas deambulando por los pasillos forrados de baldositas azul cielo, los colores de las escenas últimas. Descubrí que la morfina existe, como Teruel. Se la administraban en dosis cada vez más generosas. La crisis asomaba tras el horizonte, pero aquel despilfarro de morfina cuenta que todavía no se ensañaba con el dolor ajeno.

Mi padre fue un hombre difícil. Sufría algunos desajustes nerviosos que, si viviese ahora, le llevarían a la lista de los individuos con personalidad trastornada y sería pasto de los fármacos psiquiátricos. Uso el verbo "sufrir" en sentido literal y eso es una carta de amor perdido, como siempre.

Mi padre hablaba a menudo de la infelicidad y la desgracia. Mi padre es la primera persona que me habló de los estoicos, de Epicteto y del pesimismo filosófico. Y de los comentarios de Napoleón sobre el libro de Maquiavelo. No está nada mal para un obrero catalán de la postguerra. Sin embargo, postrado en la cama donde murió, tuvo una conversación con un pariente lejano, que indica algo más complejo.

Me lo contó ese pariente en el tanatorio, ante el cuerpo amarillento de mi padre tras el cristal higiénico. Le preguntó a mi padre si había sido feliz alguna vez en la vida, y él le respondió que sí: cuando los niños eran pequeños, dijo. Eso me sorprendió mucho, tanto por la asunción del estado de felicidad que siempre negó como por ese destello de vocación paterna, completamente impensado.

Mientras mi pariente lejano me contaba el diálogo con el moribundo, yo pensaba en barcos. Este resorte psicológico me inquietó durante un tiempo. Un día pensé que había dado con la solución: en las religiones antiguas, como la egipcia y la griega, el difunto y el barco están estrechamente relacionados.

He dicho que pensaba en barcos, pero debería concretarlos. En la salita íntima del tanatorio pensé en tres barcos: el vapor Miskatonic, la balandra Nellie i el ballenero Grampus. Quizás debería nombrarlos en otro orden. Arthur Gordon Pym se coló en el Grampus. Era un polizón. Sus desdichas le sobrevienen durante un trayecto sobre el cual no tiene ningún control. Todo es espantosamente accidental, imprevisto, una sucesión de eventos macabros que termina, sin terminar, ante la visión de lo incomprensible.

Marlow embarca en la balandra Nellie por orden del dueño de la empresa para la cual trabaja, pero sin tener ni idea de lo que le espera al final del trayecto. Curiosamente, el final de "El corazón de las tinieblas" es quizás uno de los mejores de toda la literatura anglosajona. Y finalmente está el protagonista narrador de "En las montañas de la locura", que se dirige a la Antártida en una expedición científica: se trata de un acto voluntario y premeditado, con intenciones académicas, serias y bien definidas.



Dicho de otro modo, la contemplación del cadáver de mi padre me había llevado a un ejercicio (bastante gratuito o incluso absurdo) de literatura comparada. Estuve pensando si la cronología de los tres textos revelaba algo interesante. Poe en 1838, Conrad en 1902 y Lovecraft en 1931. Los tres cuentan casi lo mismo: barcos que se dirigen hacia el horror. Las motivaciones son distintas, aunque la diferencia quizás se debe a las modas de cada época. En tiempo de Poe, los relatos de viajes antárticos tenían muchísima aceptación. En el tiempo de Conrad, la literatura fantástica se situaba en los paisajes del colonialismo porque aquellos países exóticos y salvajes despertaban la imaginación mórbida. En tiempo de Lovecraft, se vislumbraba que la pasión por la ciencia contenía peligros enormes. La bomba atómica se inventó en la década siguiente: tenían buenos motivos para desconfiar de la cosa científica.

La literatura marinera está poco en boga ahora, y pido disculpas por esta expresión chistosa y fácil. Hoy, para excitar la imaginación lúgubre a través del cuento fantástico es necesario transmutar los barcos en naves espaciales. El escritor, ahora, debe construir planetas de ficción, argucia que tiene poco poder de estremecer al lector: todo es hipotético y escandalosamente falso, artificioso.

Además, aunque hoy también se pierden barcos en el horror, es otra cosa. En las Islas Medas, frente a la población de L’Estartit, en la costa catalana (ese espantoso lugar corrompido por la codicia, los emprendedores y el turismo), hay un viejo transbordador hundido, el Reggio Messina. Pero lo sepultaron en el mar deliberadamente, para atraer a buceadores ociosos que desean vivir aventuras moderadas y con garantías de seguridad.

El Reggio Messina es el cuarto barco de este relato. Parece banal y estúpido al lado de los anteriores. Pero es necesario hablar de él. Y si alguien piensa eso, que es banal y estúpido, debería pensar que lo es más la época que le ha tocado vivir. Comparada con las otras.

______________
Nota del autor: la primera versión de este texto se publicó en "La Charca literaria", el 23 de febrero de 2016.

15 jul. 2016

Vols dir que és bona idea, un referèndum?

[Velázquez avui: l'esquerra li regala a la dreta nacionalista -catalana i espanyola- el debat del referèndum]

Al mercat hi ha diversos tipus de raspalls: els uns són per a les dents, els altres per espolsar les sabates i encara n'hi ha uns tercers, que serveixen per pentinar-se la melena. A ningú no se li acudiria raspatllar-se les dents amb el raspall d'enllustrar sabates. Això és el que penso dels referèndums: que serveixen per enllustrar sabates, però no per rentar-se les dents abans d'anar al llit.

Alguna cosa així (però sense la metàfora dels raspalls) diu una persona a qui m'escolto. En Francesc Trillas donava la seva opinió al respecte dels referèndums a l'article La victòria del "procés" britànic. Diu que cal mesurar què se sotmet a referèndum, a propòsit d'això que anomenem "Brexit". En Trillas diu que un referèndum assenyat seria el que demana, per exemple, si es vol legalitzar la marihuana. Però el cas del Brexit ens diu que fou un referèndum profundament insensat. L'anàlisi del vot al referèndum del Brexit diu que tan sols ha aconseguit fracturar la societat a la qual se li demanava l'opinió.

Cohesionar és molt difícil, i dividir és molt fàcil. Això ho sap tothom que toca de peus a terra. El referèndum és una eina (com un raspall) que cal saber quan i perquè s'usa. A mi em sembla que els promotors del referèndum són gent que viuen en despatxos i barris bonics, funcionaris buròcrates, professionals liberals i en general el segment social al qual la crisi els ha passat de llarg. Entenc que pensin en la nació i aquestes coses, ja que les trifulques i les penúries dels llocs lletjos no les han vistes mai d'aprop.

La paradoxa és que el segment social que defensa el "no al referèndum" és el mateix. El nom de la nació preocupa als qui viuen per damunt de la Diagonal (per parlar de Barcelona amb un tòpic senzillet). Als de sota, la cosa nacional no ens interessa gaire. O gens. Si fos ara, jo m'abstindria i em quedaria tan ample. Ja us ho fareu i ja m'ho explicareu, diria.

Jo treballo a l'ensenyament i allà ens passem el dia lluitant per la cohesió perquè sabem que d'ella en depèn el futur. Quan dic "futur" vull dir el futur: 10, 20 anys endavant. No pas els 4 anyets que falten fins a les properes eleccions per revalidar càrrecs i seients i salaris daurats.

Al Regne Unit s'esgarrifen ara en veure la conseqüència del seu acudit britànic: el referèndum ha obert una fissura fonda entre segments d'edat, de nivells de formació, de població urbana o rural, d'estrat socioeconòmic. No era una bona idea cedir als plantejaments pretesament ultrademocràtics (però efectivament populistes) de la dreta xenòfoba.

La proposta del referèndum anglès ha fet mal a la societat i alhora al partit laborista, que ja ha començat a pagar-ne les conseqüències. Els laboristes van fer una campanya dèbil a favor de romandre a la Unió Europea perquè no els agrada la Unió Europea actual i els agradaria reformar-la, que seria -òbviament-, el millor per a tots.

A Catalunya, el repte del referèndum per romandre o marxar de l'Estat Espanyol ja ha tingut els mateixos efectes àdhuc sense saber si existirà: els partits de l'esquerra (fins i tot la Cup, tot i que es mou en una altra dimensió) han sofert una divisió profunda. Que beneficia, curiosament, els partits de la dreta rància: Convergència -o com se vulguin dir- el Partit Popular i Ciudadanos. El cas d'ERC es manté en un estrany llimb, perquè a hores d'ara ens és impossible decidir si és un partit de la dreta catalanista o una mena de socialdemocràcia lànguida, de to més aviat liberal. M'indigna veure com ens agenollem i cedim arguments a Ciudadanos, a Convergència i al PP, com Justí de Nassau davant Spinola a la pintura de Velázquez.

Tot l'embolic del referèndum sorgeix, de fet, per un malentès. Diuen que el cristianisme sorgeix d'una mala traducció del Nou Testament que ja explicaré un altre dia (fa molta gràcia). El humans som així. Algú es va empescar el "dret a decidir" perquè sabia que el "dret a l'autodeterminació" no tindria acollida a cap instància europea ni mundial ja que, segons el dret internacional, no és aplicable al cas català. El dret a decidir és quelcom pueril: un nen de tres anys té dret a decidir que no vol menjar verdura, per la mateixa raó que jo tinc dret a decidir que vull viure 300 anys. Convertir el "dret a decidir" en un debat... té sentit?

Ho diré clar: no sóc partidari del referèndum català. I m'agradaria veure que els partits que considero a l'esquerra (o més o menys) ho diuen clar: el PSC, En Comú Podem. A mi em sembla molt irresponsable demanar un referèndum que, al marge del resultat que doni, només serà capaç d'obrir una nova fractura social. En una societat que ja tremola prou i que sosté la cohesió pels pèls. És important tenir en compte la fragilitat de la cohesió en la societat tan complexa en què vivim. Quins grups polítics sortirien beneficiats de la fractura? La resposta és ben senzilla: cap grup de l'esquerra.

Torno a l'argumentari d'en Francesc Trillas (ja em perdonarà) sobre el referèndum i la marihuana. Si a la població se li demana si vol legalitzar la marihuana i el resultat digués que sí, la part de la gent que no vol fer ús de la marihuana no sentiria que se l'obliga a res ni que se li vulnera cap dret. Però en el cas de la secessió de l'estat, això ja no és així. Hi hauria una part (molt propera al 50%) que sentiria que l'altre 50% l'obliga a viure d'una manera que no vol viure. I això no pinta bé ni afavoreix cap mena de convivència saludable. Fos quin fos el resultat, ens du a un conflicte obert de conseqüències imprevisibles. I segur que ens du a una situació de provisionalitat eternitzable: els perdedors voldran repetir el referèndum tantes vegades com calgui.

Aquesta provisionalitat no tan sols arrisca massa la delicada cohesió social si no que postposa, indefinidament, les qüestions més greus i més urgents de les persones: sanitat, pensions, educació, assistència social. Això ja ens ho han explicat els profetes independentistes amb to de xantatge: "fins que no siguem independents no arreglarem els vostres problemes". Deixar aquestes qüestions en suspèns afavoreix els populismes més lamentables i encén una metxa que no sabem a quin explosiu condueix.

A mi em sembla que l'esquerra ha de ser valenta i ha de dir que aquest referèndum no s'ha de fer. Em sembla que la racionalitat i la responsabilitat van del revés del què ens vol vendre el discurs del règim sobiranista: cal treballar per les reformes i les millores socials, i si de cas calgués plantejar la cosa de l'estat-nació ho deixem per més tard si és que algun dia s'ha de resoldre. Però arribats en aquest punt segur que la proposta federalista hi té coses a dir. Els pobles han prosperat només quan han col·laborat. Com els veïns d'una escala, els mestres d'un claustre o els alumnes d'una aula. Com és que a l'esquerra li costa tant de dir allò que és obvi?

[I que consti que a mi la Cup em cau molt bé, i que per això els he votat de vegades: si em pugués creure que són capaços de fer un país veritablement nou m'hi afiliaria. Però duc molts anys vivint a Catalunya i sé com les gasten els catalans que van passar de carlins a franquistes i després a convergents. I un home que prové del carlisme-franquisme-convergentisme és el president. No me'n refio gens].

9 jul. 2016

Ubú refundat


En temps medievals va aparèixer un debat filosòfic que arrencava d'una qüestió més aviat retòrica i bizantina. Se'n va dir "nominalisme". La pregunta que ho resumeix és aquesta: si a la rosa deixem d'anomenar-la "rosa" continuarà fent olor de rosa? Ja em perdonaran la referència pop, però un servidor (que només és mestre de primària) coneix el nominalisme gràcies a "El nom de la rosa", aquella novel·la de l'Umberto Eco publicada el 1980.

Explicat avui, el debat del nominalisme sembla ingenu i pueril, a més a més de rematadament bizantí. Hom diria que és una qüestió extemporània i que, en temps líquids, quàntics, post-postmoderns i de transformacions que encara no tenen nom, això del nominalisme és antiquat. Ara ens preguntem si la rosa existeix, si és real o virtual, si és interessant per construir un món millor.

Però per aquests dies, precisament, hi ha un grup de persones tancades en un cònclave parlant de nominalisme. En el cas d'avui, la pregunta clau és aquesta:
si a un organisme corrupte anomenat Convergència deixem d'anomenar-lo Convergència i li canviem el nom, ¿deixarà de fer olor de podrit, com el regne de Dinamarca?
(He citat el regne de Dinamarca per no decebre més els qui hagin lamentat la meva cita pop anterior, perquè vegin que sóc home llegit).

La premsa digital envia cròniques i fotografies. A El País, en Daniel Verdú publica una crònica sarcàstica titulada "L'enterrament de la sardina" que sembla que vulgui esmentar el debat nominalista medieval que avui encén els pròcers de l'èlite catalana. Qui els ha vist i qui els veu: abans la premsa el temia i els respectava, avui se'n burlen. Els ha arribat la seva hora. Fa riure de bon grat veure que el cònclave de Convergència es converteix temporalment en una assemblea diabòlica com si fossin la CUP. Qui els ho havia de dir, als que defensaven el valor de les urnes i els referèndums! President, posi les urnes! El dia que posen les urnes els surten unes votacions endimoniades.

Una de les fotografies mostra el desastre. Una imatge millor que mil paraules. (Que mil noms? Mil adjectius?). A la primera fila, tots els antics càrrecs. Tots duen el cabell de plata, hi ha molts calbs, i el poc pèl que conserven també és de plata. Hi destaca, molt, per tant, la tofa negra d'en Puigdemont. Nigú no sap dir si la cabellera rotunda del Presi és el passat o el futur. El Presi seu, seriós, al costat d'en Mas, que presenta un cutis de mariner bronzejat però entressuat, intranquil. Sembla que en Puigdemont frega el braç d'en Mas. Com si esperés el cop de colze tan llargament somiat que el retornarà a Girona perquè el qui va fer un pas al costat el vol tornar a fer en qualsevol moment, però per tornar al costat on era abans de fer un pas al costat. Donde dije Diego... És allò de la Ramoneta, el de tota la vida.


Avui he rcordat el retrat de Pujol i el pujolisme que va fer en Boadella a "Ubú president". És una pena que en Boadella no sigui per aquí, perquè crec que el cònclave convergent podria inspirar-lo per fer un "Ubú refundat" que ens aniria molt bé. Em refereixo a la bondat higiènica, la que podria dur-nos a ser un país nou de veritat. Vaig néixer el 1964 i quan Franco va morir jo tenia 11 anys justos. Llavors va arribar Pujol. Duc tota la vida, per tant, esperant veure com s'acaba el desastre i per això ja no hi confio gaire, que no vol dir que m'hi resigni.

El mínim que em queda (o tot el que em queda) és riure i posar la distància que l'humor reclama. I demanar que la gent, la bona i la gent normal, també riguin. Que riguem. En acabat ens tocarà tornar a la feina, fer-la el millor que puguem encara que només sigui per allò de l'ètica, sense elements patriòtics. Però riure és bo, ho recomano en aquests temps tan difícils. Fa pocs dies, en Tortell Poltrona i l'Albert Pla van estrenar un espectacle al Circ Cric. Avui són Mas i Puigdemont els qui ens ofereixen un nou sainet, malgrat que el seu sigui tan sobiranísticament ranci.


5 jul. 2016

Les palmeres de Déu


Ho he sabut gràcies a un programa de la televisió noctàmbula: Gregori XVIII (Sergio María Ginés Jesús Hernández), el tercer Papa de l'església de El Palmar de Troya ha abandonat el papat i l'església sevillana per casar-se. És a dir, per amor a un altre ser humà. La cerimònia de coronació del proper Papa, que durà el nom de Pere III però de moment encara es diu Joseph Odermatt i és suís com el rellotge de cu-cut i part de la fortuna dels Pujol, se celebrarà el proper 16 de juliol.

La història de El Palmar de Troya, com la de les cares de Bélmez, és un episodi lligat a la meva infantesa. De petit m'atreien poderosament els misteris de tota mena. En el cas del Palmar de Troya, tot arrenca de les visions marianes que van sofrir quatre nenes d'Utrera el març de 1968.


Un oncle meu tenia una barberia, i a la saleta d'espera hi havia còmics, diaris i revistes. Una d'elles era Mundo desconocido, dirigida per l'Andreas Fàber-Kaiser, fill d'un dibuixant anarquista que va fugir d'Alemanya quan va intuir el futur. Mundo desconocido és la publicació que -després dels còmics- més va contribuir a la meva configuració mental, sentimental i humana. Un món sense fenomens inexplicables és un món mancat. O excessivament dominat per un positivisme curt de mires i, sobretot, molt avorrit. Només hi hauria diners, jornades laborals, funcionaris i pagues extres que no es paguen. No sabria viure sense el misteri.


En aquells anys en què encara no duia pèls al pubis, Mundo desconocido informava sobre visites extraterrestres, aparicions fantasmals, descobriments arqueològics estranys, enigmes planetaris i curiositats científiques. Tot fantàsticament barrejat. I com que som a Espanya, també hi havia lloc per a El Palmar de Troya i altres capellans estigmatitzats que ploraven sang i llençaven profecies terribles.

Recordo les fotografies del primer Papa palmarià, Gregorio XVII. Un tipus que es deia Clemente Domínguez. Amb els braços en creu i unes terribles ferides a les mans. I la creueta sangonosa que se li formava al front, entre cella i cella. Recordo la fascinació que sentia en mirar-me aquelles fotografies. La possibilitat del fantàstic, la presència d'una altra realitat que converteix aquesta en un lloc interessant. Una mescla d'horror i de meravella, i el nus a l'estómac. Clemente Domínguez va sofrir un accident de trànsit poc després de ser coronat Papa. Va quedar-se cec. A partir de llavors a les fotografies hi apareix amb els ulls blancs, sense iris ni pupil·la. En un nen de 12 anys, aquesta imatge és tan poderosa que l'obliga a pensar. O a repensar en quin món viu.

Ja sé que sona ridícul, però a mi aquells episodis i el món inquietant que transmetia Mundo desconocido em lliguen sentimentalment a l'Espanya primitiva, surrealista, supersticiosa, catòlica i visionària. Em passa com li va passar a en Luis Buñuel. Algú dirà que estic atrapat per l'Espanya més rància, però vès,tot això ho vaig aprendre durant el que deu ser el millor periode de la vida. Quan passes de nen petit a nen mitjanet és quan descobreixes que el món és enorme. I, afortunadament, misteriós.

Avui penso que la història de El Palmar de Troya hauria de donar peu a una gran novel·la sobre l'Espanya contemporània, la que va des de la mort de Franco fins avui. Que el darrer Papa hagi fugit per amor (a l'edat de 57 anys) és un darrer capítol fantàstic. Per justificar la deserció, en Sergio María (torna a ser només Segio María perquè ha estat desposseït del títol de Gregorio XVIII) diu que tot era una mentida i un frau, i se'n va amb una dona, i una dona mai no pot ser un frau perquè és de carn i ossos. Homes i dones mai no són fraus: el frau està reservat als déus, als cristos i a les verges amb tendència a fer aparicions on menys te les esperes. Amb una estranya predilecció pel sud dels països (Lourdes, Utrera, Fàtima). [Els alcaldes d'Amposta i de Tortosa haurien de promoure de seguida l'aparició d'una verge sobiranista als seus municipis].

Ai, si jo tingués el geni de Vargas Llosa...!