15 de gen. 2017

Lázaro Carvalho


Resultat d'imatges de pepe carvalho

Cuando uno menos se lo espera, sucede. Dicen los judíos, hablando de Jesucristo, que la liebre salta donde menos te lo imaginas. (A ellos les saltó la liebre en un pueblecito de Palestina, hay que joderse). En esta ocasión de la que hablo, una noticia del mundo literario aparece en el noticiario de la tv. Increíble. La noticia cuenta que Pepe Carvalho, el personaje de Manolo Vázquez Montalbán, resucitará por obra y gracia del escritor Carlos Zanón, mediante la intercesión de un poderoso grupo editorial. Cuando no te lo esperabas, el mundo literario español se revuelve y genera sorpresas. Mira tu por donde, la región más analfabeta de Europa es capaz de levantar el vuelo. [Veremos como encaja el asunto el mundillo catalán soberanista-referendumista, porqué el caso les estalla en su región: se trata de literatura escrita en español en territorio catalán. Liebre al cuadrado. Se atormentan las vecinas, o se avecinan las tormentas: conociendo un poco la obra de Zanón, aventuro que a los indepes no les va a gustar el Carvalho resucitado, eso es una hipótesis malintencionada, por supuesto ].

La noticia es simple y en realidad se trata solo de una maniobra comercial, nada más. No hace falta desgarrarse las vestiduras. Eso de Carvalho y Zanón no es nada más que como cuando Coca-cola anunció la versión de su refresco llamada "Zero": una estrategia comercial para vender un poco más: cosas del capitalismo y sus ansias por exprimir el limón hasta que no quede ni una sola molécula de él.

Vender libros en España no es nada fácil, y desde luego es más fácil vender coca-colas en un mundo ansioso y dependiente de los placeres inmediatos, burbujeantes y con el azúcar elegantemente camuflado. Cualquier cosa que se haga para vender más libros debería ser aplaudida sin remilgos: somos un país profundamente ignorante, escasamente lector y casi analfabeto funcional. Con la literatura de entretenimiento no se aumenta el nivel intelectual de una comunidad, pero por lo menos se supone que se mantiene el noble hábito de la lectura, lo que ya es algo.

Todo el mundo sabe que nadie empieza leyendo literatura de entretenimiento para pasarse luego a Tolstoi, ni de J.K. Rowling se pasa a Herman Melville, ni de Mortadelo a Bolaño. Pero hay que mantener la esperanza de que a lo mejor, quizás, en un futuro hipotético...

La noticia solo cuenta que una poderosa editorial ha fichado a un escritor para resucitar al personaje debido a un autor muerto años atrás. Vázquez Montalbán murió en Bangkok y en un ya lejano 2003. Pero no hay nada nuevo bajo el sol: eso ha sucedido varias veces en la literatura popular, e infinitas en el cine. Piense usted en Ian Fleming y su agente 007. Hammett se convirtió en personaje literario de la mano de Joe Gores. Osvaldo Soriano recuperó a Marlowe. El agente de a CIA Jason Bourne saltó de autor en autor. El último caso que conozco es el de David Lagercrantz, autor que sustituye a Stieg Larson para continuar con las aventuras de Lisbeth Salander al frente de la franquicia "Millenium". Al fin y al cabo, eso de la novela negra solo es literatura popular, para qué nos vamos a engañar.

Luego están los puristas y los ortodoxos de siempre, que se quejan: ¿puede un autor resucitar y dar nueva vida al personaje de otro autor (muerto)? Hablando en plata: ¿Carvalho puede revivir de la mano de Carlos Zanón? ¿Qué interés literario podría tener ese invento? Una cosa es que un autor decida usar personajes de otros en sus novelas, y otra cosa muy distinta es que el ejecutivo de una editorial se líe a resucitar personajes con el argumento de que tiene les derechos legales que le permiten hacerlo. Pero enfin, eso son cosas comerciales, nada que ver con la literatura, no hay que mezclar conceptos.

En el Nuevo Testamento se cuenta la historia de un pobre diablo, un tal Lázaro. Jesucristo, para demostrar el tremendo poder que le ha sido transferido por el Dios, le encuentra muerto y le resucita en un plis-plas. Es un episodio oscuro del libro sagrado, ya que de Lázaro no se sabe casi nada y ni tan siquiera se le vuelve a nombrar nunca más. ¿Qué vida llevó el pobre zombi en Palestina? ¿Fue feliz en su segunda vida? ¿Cómo le trataron sus amigos y familiares, viéndole vivo de nuevo cuando le habían visto muerto? ¿Consiguió los favores de alguna mujer, sabiéndole vuelto de entre los muertos?

El vínculo entre autor y personaje es algo delicado. ¿Tintin sin Hergé? Carvalho y Vázquez Montalbán forman una pareja metafísica, ya que el vínculo entre autor y personaje parece demasiado estrecho, sutil y mágico como para poder sustituir al autor y poner a un interino en su lugar. Carvalho aficionado a la comida: eso lo puede recuperar Zanón. Puede hacer un estudio psicológico y de hábitos del personaje, de su forma de hablar, el tipo de frases y de opiniones que formula para imitarlo e insuflarle una cierta apariencia de vida nueva manteniendo sus tics, sus manías, su casa, sus amigos y amigas. Pero ¿será el mismo? Y sobretodo: ¿es ético resucitar a Lázaro? ¿Se dio cuenta Jesucristo de que con su arrebato de soberbia divina condenó a Lázaro a llevar una segunda vida de mierda y -lo que es peor- a morir dos veces?


7 de gen. 2017

Vivir sin ti

Resultat d'imatges de la conciencia de zeno

Unos días atrás, justo a principios, estaba yo cabizbajo y concentrado en mi libreta cuando, de repente, intuí como se esbozaba una amplia sonrisa en el aire, a escasos palmos de mi cabeza. Levanté la mirada tan raudo como pude, pero solo me bastó para sospechar la disolución, el desvanecimiento. Quienes conozcan el gato de Cheshire, el de Carroll (por su obra o por la versión de Disney o por la versión de Disney que hizo Burton) pensarán en el gato inglés. Quienes no deseen (o no puedan) ir tan allá, pensarán en las decenas de miles de anuncios de personas sonrientes que nos asaltan por todas partes.

Pero yo me quedé preocupado. Aquella sonrisa que se me había soslayado a medio metro del rostro no era la del gato ni la de ninguna clínica dental que se precia. Empecé a recordar otra sonrisa, una que, antaño, me llenó de imaginación desbordada, de ilusión, de imágenes fabulosas. La sonrisa de la bandera pirata. Esa cabezota blanca y sonriente que asoma por encima de las dos tibias cruzadas. ¿Cuántas veces soñé en los mares del Sur, la Isla de las Tortugas, las tabernas, las huídas de los calabozos, los botines, las escaramuzas, grumetes, cañonazos, palos de mesana y trinquetes, tesoros ocultos guardados por esqueletos celosos...? ¡Qué poco valoramos a Emilio Salgari, que hizo más por la lectura de los jóvenes que mil directores generales de educación juntos!

Unos días más tarde, la doctora de guardia en urgencias atizó el aire delante de mi con la radiografía en la mano: -Esto es una insuficiencia respiratoria aguda en toda regla. No llega, el oxígeno no llega. Puede ser la consecuencia de una insuficiencia crónica o de alguna otra cosa, todas feas. Vamos a investigar. Por lo pronto, vaya pensando usted en eso del fumar.

La radiografía es todo un tema. Esa fotografía del futuro en que tu cuerpo se ensaya de cadáver, con un solo clic, una vez regresado de una Hiroshima en miniatura o de chiste pero con un diagnóstico atroz bajo el brazo. ¿Qué diablos es el progreso de la medicina?

Mi padre dejó de fumar en cuanto le dieron un susto parecido a este, no si con radiografía o sin ella, pero algo me dice que si. Le vio las orejas al lobo y enseguida tiró el paquete por la ventana. A mi me metieron una dosis de antibiótico para caballos, broncodilatadores, cortisona cada seis horas.

Lo más difícil de todo es cuando me pongo a escribir. Escribir sin el cigarrillo es como haber perdido el libro de los adjetivos. Ya me dirás como los encontraré, sin el farolillo del humo. Ayer me lié uno sin intención ni tan siquiera de chuparlo, solo por dejarlo ahí en el cenicero mientras tecleo. Miré el anillo incandescente que abraza al cigarrillo como una culebrilla ígnea, enroscándose y trepando. Pero sobrevino la tos igualmente y otra vez creí morir. Lo aplasté con furia mientras pensaba en la capacidad que tiene el mundo para crear escenas sin sentido aparente.

Como mi padre no escribía, lo tuvo más fácil. Yo ahora me siento como que tengo que aprender de nuevo. Comprarme un mapa nuevo, incluso a veces me detengo a pensar si de verdad deseo seguir viviendo en un mundo sin mis cigarrillos. Si voy a escribir igual que antes o me afectará al estilo. Des de que mi padre tiró el tabaco por la ventana hasta que falleció (en gran parte por los agravios que le había producido el humo) pasaron unos veinte años. Supongo que aprendió a vivir sin él. Hablaba de la superación de su adicción con tanto énfasis y tanta épica que nadie en sus cabales podía creerle, todo el mundo se daba cuenta del tremendo dolor que fué aquella pérdida, de lo terrible e irreparable que fue, de lo devastadora.

Durante la crisis de la insuficiencia respiratoria hubo algún instante en que lo vi bastante jodido. No me vi muerto sin remedio pero si me imaginé muy pálido y enjuto de rostro, intubado, con mascarilla, envuelto en tela de algodón hospitalario y los ojos disminuidos, amarillentos y acuosos. En ningún instante le eché las culpas al tabaco, aunque sabía perfectamente qué sustancia era la que me había llevado hasta allí: no le delaté.

En su fabulosa "La consciencia de Zeno" (1923), el genial Italo Svevo usa el asunto del tabaco y de dejar su adicción de una forma magistral. Es un texto sublime que deberé releer enseguida porqué ahora voy a comprenderlo de veras. El tono psicoanalítico creo que era demasiado elevado para un lector de 25 que empezaba a fumar. Es posible que deba sustituir el tabaco por el recuerdo del tabaco, la literatura del tabaco o el cine del tabaco. Con todas las cosas de la vida va pasando un poco lo mismo a partir de los 50 y no es malo que sea así. Y además hay que andarse con cuidado: nostalgia solo la justa. Hay que mantener energías y mala leche, porqué la cosa no está nada fácil y además no, no estoy contento de haber dejado de fumar ni siento repercusión alguna en mi autoestima (caso de que exista algo así).

Era un buen amigo. Quizás el mejor que he tenido nunca jamás. Cuando empecé a fumar eso me hacía sentir mayor, aunque a la primera bronquitis le pedí a mi madre que me llevara al médico, me comprase la medicación y viniese a dármela, puntualmente, a la cama.

20 de des. 2016

Cuento de navidad con poco



Hubo un tiempo, en la edad de la vida cuando todavía me llamaban "joven", en que decidí vivir con lo mínimo, casi con nada. Me quise desprender de todo lo que me sobraba, y como resultaba difícil tirar cosas y muebles y ropa y objetos, lo que hice fue irme yo, dejándolo todo. Agarré mi coche cochambroso y me planté a mil kilómetros de mi ciudad, enmedio de una llanura con dehesas en las cuales pastaban los toros condenados a la lidia y en donde unos chanchos lustrosos, de piel oscura, futuros jamones y paletas para paladares adictos al lujo se estremecían de placer en charcas de barro. Solo me llevé lo que cabía en el maletero. Quería ser pobre en una tierra de pobres, y sabe Dios que lo conseguí.

Me habían prestado una casa casi abandonada en un pueblecito en la ribera del Tajo, muy cerca de la frontera con Portugal. Por el camino hacia el pueblecino, ya muy entrada la noche, un coche de la Guardia Civil me paró con un convincente juego de luces multicolores (mayormente anaranjadas).
-¿Sabe usted que lleva una luz trasera fundida? -me dijo el hombre, bastante joven, metido dentro de un anorak que le llegaba hasta las orejas. -¿Va muy lejos?

Le respondí la verdad. Incluso le confesé el nombre del pueblo adonde me dirigía. Me faltaban unos 400 kilómetros, me dijo después de un cálculo muy rápido. Luego se quedó en silencio, meditando, como si algo le hubiese ensimismado. "Conozco el pueblo", dijo. "Vaya qué casualidad. Y ¿que le lleva por allí?".

Le dije la verdad otra vez: que estaba huyendo de Barcelona, de Cataluña y posiblemente de mi y de mis cosas. El tipo se quedó pensativo de nuevo, y a mi se me hizo evidente que le había tocado una fibra del alma. Pero entonces hubo algo que se le pasó por la cabeza y le llevó a dudar. Creo que, por un instante, la posible simpatía dejó paso a la polilla de la sospecha. Al fin y al cabo, su trabajo es sospechar. "Abra el maletero", dijo, ahora en un tono más serio, repentinamente profesional.

Contempló el maletero repleto hasta arriba. Lo alumbraba con la linterna. Intenté mirar mi maletero con sus ojos y me di cuenta de que aquello parecía un contenedor de basura: libros desparramados, ropa en fardos mal pertrechados, zapatos viejos, un ordenador anticuado, un títere descoyuntado encima de todos los trastos, unos cuantos cedés de música clásica y una mantita gris con una cenefa roja.

Su sospecha se convirtió en algo parecido a la pena. Me miró con compasión, creo. Cuando un hombre más joven que tu te mira con compasión sucede algo muy difícil de explicar, y es algo que solo sabe quién lo ha vivido. Quizás los emigrantes ilegales pueden contar eso.
-Mis padres se marcharon de ahí y jamás volvieron -murmuró- Es curioso... y usted se va para allá...
-He decidido cambiar de vida -dije mientras intentaba esbozar una sonrisa- Bueno, empezar otra vez. Por eso no me llevo nada.

¡Nada! Escuché esa palabra pronunciada por mis labios y sentí vergüenza un segundo más tarde. "Nada" significaba un maletero lleno hasta arriba, además de un coche que, por más desvencijado que estuviese, todavía era un coche que anda. Es muy posible que un africano, un peruano o un afgano tengan otro concepto de "no llevarse nada", un concepto bastante más ajustado al sentido de la frase. Creo que ellos son más precisos cuando hablan. Y justamente por eso su literatura es más preciosa. Por eso me reí por dentro: en ese instante me di cuenta de que uno no se libra nunca de ciertas manías, de ciertos tics, de eso que llaman "cultura" y que es lo que hemos heredado de las generaciones precedentes. ¡Qué difícil es dejar de ser catalán! estuve a punto de pronunciar en voz alta.

-No pretenderá conducir hasta el pueblo sin parar ¿verdad? Con una luz fundida no es buen plan y además seguro que otra patrulla le verá, le va a parar y quizás le multen... Mire, a sólo unos diez minutos de aquí hay una pensión. Barata, apañada. Para camioneros. Quédese a dormir allí.

Hice lo que me había sugerido, más por cansancio que por obediencia. No caí en la cuenta de que no había ni un solo camión. Dejé el coche en el breve aparcamiento junto a la casa, me metí un cepillo de dientes en un bolsillo y unos calzoncillos limpios en el otro y entré, pedí una cama y me quedé dormido al cabo de pocos minutos. No tengo ningún recuerdo de aquella habitación. En mi memoria, es como si hubiese dormido en una cama que flotaba en una nada negra, insípida, inodora.

A la mañana siguiente bajé a tomar un café. El dueño estaba pendiente del televisor, en donde unos niños uniformados cantaban los números de la lotería nacional de navidad. Cuando salí al exterior me di cuenta de que había algo raro en el coche. Atrapada por el limpiaparabrisas una hojita de papel se agitaba levemente empujada por la brisa. Era una nota escrita en letra azul y menuda, sin firma. "Debe cuidar mejor de sus cosas. El maletero estaba abierto". El texto de la nota quizás no es exacto, ya que no me fío de una memoria que jamás ha sido muy de fiar. Pero el sentido era este, exactamente este. Eso lo juro.

Abrí el maletero, y me imaginé que lo iba a encontrar vacío. En los brevísimos segundos que transcurrieron mientras me precipitaba hasta la portezuela, intenté escudriñar dentro de mi para saber si prefería encontrarme sin nada -pero ahora de verdad de la buena- o si prefería conservar mis cositas. Lo abrí. Estaba todo ahí, tal como lo recordaba. Sólo había un detalle distinto, una única diferencia: la linterna del guardia civil encima del títere. Le había cogido las manitas y lo había puesto como abrazando a la linterna, tal como se abraza a un niño muy pequeño, a un perrito o a cualquier ser desvalido.



PD. Hoy, muchos años más tarde y a finales de 2016, conservo el títere y la linterna. Ambos todavía funcionan.

14 de des. 2016

Y de postres, desobediencia a la catalana

Resultat d'imatges de cabaret dada

Por estos días, en la malograda Cataluña, un ingenuo podría pensar que se fragua un capítulo interesante sobre el antiguo asunto de la desobediencia civil. El barullo retomó algo parecido al auge con las fotos de unos ciudadanos -sin rostro- quemando fotos del monarca borbón en la plaza mayor.

Las fotos en que se muestra la foto de un rey quemándose tienen algo de broma antigua, jocosa y sin duda decimonónica. El rey está invertido (quiero decir que la imagen del monarca aparece cabeza abajo). Es una imagen que me lleva a recordar a los viejos dadaístas, los pioneros del humor moderno y del surrealismo en versión anarquista. Se cumplieron ya los 100 años del dadaísmo, pero parece que el dadaísmo no solo acaba de llegar a la vieja Cataluña, si no que lo hace de la mano de señores y señoras con cargo político, lo cual, lamentablemente, es más bien poco dadaísta.

Se trata de la desobediencia convertida en espectáculo. Uno, que leyó a los antiguos (que no viejos) teóricos de la desobediencia civil se sonroja un poco ante este tipo de gestos. Me pregunto qué pensaría Henry David Thoreau de los desobedientes catalanes, puesto que que son diputados o alcaldes o concejales y que, en virtud de esa condición, perciben y se ingresan -sin desobedecer- sus buenos emolumentos, procedentes del estado al cual dicen desobedecer. Cosas catalanas. En Cataluña, la pela siempre será la pela, aunque se llame "euro" (palabra que, en griego, significa pipí).

Hace unos días se celebró la festividad del 6 de diciembre en conmemoración de la fecha en que la Constitución española actual entró en vigor. No debería ser necesario apostillar que se trata de la primera Constitución [digamos que] democrática. Guste más o menos, es la primera constitución española después de 40 años de dictadura militar. Creo, modestamente, que ahí hay algo bueno a celebrar.

Pues bien, hubo unos cuantos cargos electos catalanes que ese día decidieron no celebrar nada, y se fueron al trabajo. Como es preceptivo, se hicieron una foto en el puesto de trabajo, la cual mandaron enseguida a dar tumbos por las redes sociales. Uno se saca fotos y las difunde cuando hace algo insólito. En ese caso, estaba justificado: alcaldes y concejales trabajando es algo realmente insólito. O por lo menos, desconocido por el gran público y por el "poble de Catalunya". A lo mejor, el único trabajo que abordaron ese día fué posar para la foto, pero algo es algo: hay que ser optimista y positivo en plan Claudio Coelho (y "coelho" significa "conejo" en portubrasileño)..

Ir a trabajar en el día de la Constitución es un poco dadaísta, pero hay algo más dadaísta todavía: el día 8 del mismo mes, dos días más tarde de la fecha desobedecida, se celebraba otro día festivo: la Inmaculada Concepción de María. En esa fecha tan sagrada, sin embargo, incluso los alcaldes del partido más radical de la izquierda radical, aunque con cargos electos, sí se quedaron en su casa, y respetaron fecha tan señalada por el señor obispo. Nadie desobedeció la festividad de la que es Virgen entre vírgenes. Silencio absoluto, respeto, veneración. Quizás los alcaldes del mundo nacional-radical no acudieron a la misa, pero mostraron su más profundo respeto por la madre virginal de la divinidad y se quedaron en su casa. A lo mejor, en la intimidad de sus casas y de sus ateneos, hicieron rituales satánico-independentistas, pero si fue así no difundieron las imágenes de su liturgia (o de su anti-liturgia, lo cual también sería bastante dadaísta). Hay que molestar al sistema, pero con mesura. Con la mesura que impone la medida catalana del seny i la rauxa.

Unos días más tarde, la policía autonómica catalana (la nómina de la cual procede del Ministerio del Interior español, lo digo por si alguien andaba perdido), detuvo a los concejales que quemaron la foto del monarca. Se trata de concejales de un partido que se autodenomina "antisistema" pero que acude a las sesiones del Parlamento catalán con la legítima intención de cobrar a fin de mes. Quizás no hay nada más "sistémico" que el Parlamento, a excepción de esos policías que les detuvieron. El palabro "antisistema" necesita una actualización urgente, dicho sea de paso.

Digamos que no solo esa desobediencia a la catalana tiene una clara inspiración dadaísta, si no que toda la situación catalana sufre de un dadaísmo fabuloso, decadente. Cuando afirman que "la independencia está a la vuelta de la esquina" tras difundir sus alocadas desobediencias extemporáneas, lo hacen con esa seguridad apabullante del médium a quién el espíritu de un muerto le acaba de susurrar la verdad. Los dadaístas estaban encantados con los médiums y el espiritismo, y eso se nos repite ahora, como el ajo del allioli, quintaesencia de lo catalán -al lado del fenómeno casteller.

Aunque a veces me agobia ser ciudadano catalán, debo reconocer que tiene su gracia vivir en Cataluña. Es la gracia que promueven los payasos tristes. Me pregunto como debieron leerse a los teóricos de la desobediencia civil esos humoristas ajados aunque jóvenes, tipos que parecen haber nacido viejos más que antiguos, porqué jamás fueron modernos. ¿En qué extraña desobediencia gótica pensaban cuando quemaban fotos de un rey invertido en la plaza mayor? Pienso en las gentes que se opusieron a regímenes totalitarios jugándose la vida, y en el valor escalofriante de aquéllos que se expusieron ante dictaduras, terror y cárceles escalofriantes. En Argentina, en Chile, en Albania, en la Alemania nazi, en la URSS (pienso en Shalamov, en Soljenitzin). Y etc. Me acuerdo del pobre Gandhi. ¿Qué pensarían de la desobediencia a la catalana, de los cargos públicos de esa autonomía rica y consentida, que se hacen fotos para subirlas a Facebook o a Instagram, con sus chistes tristes en twiter? ¿Qué clase de desobediente es el que se ingresa la pasta de España y declara sus ingresos a la Hacienda española para no incurrir en un delito fiscal?

Me acuerdo del antiguo Cabaret Dadá. Igual es que me quedé dormido enmedio de la función, por inexplicable que pueda ser eso. Igual estoy soñando, dulcemente, sentado y cabizbajo en una butaca del Cabaret Dadá, y confundo a Francesc Homs o a Carme Forcadell con los actores que se marcharon a sus tristes pensiones del barrio chino berlinés después de actuar encapuchados, disfrazados de pájaro o desnudos. Igual confundo a los concejales de la CUP con un coro de actores del esperpento valleinclaniano. A lo mejor es eso ( y eso sería lo mejor, sin duda): estoy dormido en el gallinero del teatro y sueño. Porqué no solo la vida es sueño, también lo es Cataluña. En el sueño, escucho una canción antigua que suena como asordinada, como en una peli de David Lynch: Qué bonita es Cataluña...

Esa calle y esa plaza, y ese municipal, 
Y esa esquina y esa fuente, y esa escuela nacional 
Y esa estatua, y ese puente, y esa carretera punto cat
Y ese perro muerto en la cuneta, y esos albañiles en samarreta, casi ná 
Que bonito es Cataluña, en invierno y en verano 
Con mantilla y barretina, a la sombra, y al solano 
Qué desobediente es Cataluña, con sus concejales y sus diputaos 
Con sus Mossos y sus señoritos, sus apellidos, sus nombres 
Su sexo bien entendido, y su carnet del Pedecat. 

12 de des. 2016

L'Enric i el Rec (Comtal)

Resultat d'imatges de el rec comtal 1000 anys d'història


S'acaba de publicar "El Rec Comtal. 1000 anys d'història". L'han fet Viena edicions i l'Ajuntament de Barcelona, però sobretot l'ha fet l'Enric H. March, que du anys i panys treballant la qüestió amb la passió que se sent quan es fan les coses de veritat. És un d'aquells llibres que fa gust de tenir, de sospesar i de mirar-se'l. Llegir-lo és un plaer, però insisteixo en allò del "llibre-objecte" que es diu de vegades i que en aquest cas té sentit.

El treball, exhaustiu, documentadíssim, il·lustrat amb imatges que gairebé justifiquen l'edició és el resultat d'una feina llarga i meticulosa que va prendre cos en un blog i que ara es transforma en llibre de paper. Passa de vegades i no sempre ho entenc: però en aquest cas, jo diria que el paper era imprescindible. I per això felicito l'Ajuntament de Barcelona, de tot cor.

Resultat d'imatges de el rec comtal 1000 anys d'història

Barcelona és una ciutat enlluernada per la modernor (més que per la modernitat), pel disseny i per les transformacions a corre-cuita, i pel camí es deixa tantes llacunes i tants oblits que, algun dia, li donaran un premi a la ciutat més estúpida d'Europa. Amb les presses per les olimpíades van liquidar barris i paisatges (i aquells xiringuitos de la Barceloneta). Amb la carallotada del Fòrum, els darrers vestigis del Somorrostro van anar-se'n per la claveguera d'un disseny ridícul, de decorat sarsuela postnuclear. I una mica abans, els havia tocat el torn als carrers del Raval que recordaven el Xino: no cal ser massa llest per intuir quina és la Barcelona que es vol sostreure de la memòria. Sí, la Barcelona obrera.

I no sé si deu ser perquè ara tenim un ajuntament més d'esquerres i més digne, és aquest ajuntament el qui recupera la memòria del Rec Comtal. Mil anys d'història es diuen de pressa però passen d'un en un i fins a mil. I aquest llibre ens explica que venim d'un riu antic, que és el Besòs canalitzat des de Moncada (la Moncada de la bifurcació), i que el riu té mil anys. Riu i història són conceptes que, posats de costat, fan un goig especial i posen la pell de gallina. Quan contemplo els reflexos del sol al canal que passa per Vallbona, i des d'on es veu la Torre del Baró en una banda i el Bon Pastor a l'altra -camí de Sant Adrià- em sento petit, enformiguit. I alhora profundament emocionat.

Avui, el passeig per la vora del canal és un passeig tan intens que hi he de tornar una vegada i una altra. Si mires el canal, hi ha mil anys d'aigua que circula en silenci. Si alces el cap, el paisatge de les xaboles i dels blocs per a pobres que van dreçar, oportunament transfigurats en constructors de blocs de merda, els señoritos catalans de sempre, la nòmina dels quals es troba als arxius de la militància convergent i abans, dels afectes al règim franquista. Deu ser per això -també- que Barcelona oblida amb presses? Per passar per alt qui feu què? Per esborrar els noms dels qui van prosperar amb Franco? És per aquest motiu que als señoritos no els va agradar que un esriptor dels blocs de Sant Adrià fes el pregó de la festa major?

Ara algú dirà que me'n vaig per les branques i que ja hi som, i que patatim i que patatam. Però aquestes preguntes venen al cas: passejar per la vora del rec -i duent el llibre de l'Enric a la mà- fa que preguntis, que pensis, que sentis. Des de la ràbia fins a la fascinació. Aquest canalet, de vegades terriblement modest, d'una humilitat que eixorda, ens explica una història llaguíssima i ens diu que l'aigua que entra a la vila, com la sang que ens corre per les venes, ha passat abans pels llocs de la misèria i de la perifèria, que hi han xipollejat ànecs i polles d'aigua i granotes i capgrossos.

El darrer passeig l'he fet amb la càmera a la mà, (n'hi ha un d'anterior aquí) i en aquest he volgut copsar com és la vida per les riberes del rec. Avui encara, blocs i postbarraquisme, horts de susbsistència, la pobresa i els autobusos de l'extrarradi, i les furgonetes cremades i els ocellets a la gàbia, prenent el sol. Fantàstic. No us perdeu la passejada -ni el llibre. Aquesta és la meva selecció de fotografies, fetes en homenatge a l'Enric, el desembre de 2016: