1 de maig 2017

Sant Jordi convierte el oro en mierda



El mito de la "caseta i l'hortet", que era el ideal civil del novecentismo catalán, nos llevó a la burbuja inmobiliaria y su estallido demoledor. La sacralización del libro y su "fiesta" del 23 de abril nos ha llevado al "Sant Jordi" de este año, en que -¡por fin!- ha iniciado su declive. La codicia se lleva por delante los ideales y lo hace con la habitual desmesura, con desvergüenza infinita. Lo que empezó como algo cívico, culto y lindo termina en abuso y en estupidez.

Por primera vez en mi vida, al día siguiente de Sant Jordi he visto más críticas que elogios, más hartazgo que ilusión, más pesadumbre.

Andreu Martín, decano de la novela policial catalana, ha publicado una carta al director de El Periódico en la que, muy enfadado, proclamaba que "este [modelo de] Sant Jordi no es para mi, que no me esperen más". Uno se imagina a Martín sentado en un puesto de libros, bolígrafo en mano, deseando a estampar su firma a los compradores que han adquirido alguna de sus novelas. Muy de vez en cuando acude alguno, despistado o pariente o conocido. A su lado, un famoso "youtuber" firma miles de ejemplares y la cola ante él se le antoja infinita a Martín.

Una librería barcelonesa, bastante nueva pero emblemática, ha decidido no participar de la fiesta y se monta su propio "Sant Jordi", fuera del circuito. Proponen un nuevo modelo, sin novedades ni autores mediáticos ni best sellers. Una bloguera que sigo con admiración, persona de talante conservador pero analítica y lúcida, escribió sobre la vergüenza que le produce la deriva de "Sant Jordi", esa fiesta del libro comercial y la rosa de invernadero. Hay que nombrar a las cosas por su nombre, sí señora.

A mi me extraña que los ecologistas todavía no hayan levantado sus iras contra el genocidio masivo de rosas de cada 23 de abril, cuando el planeta masacra la flor mística para beneficio de unos cuantos bolsillos. Ya le llegará su sanmartín: cuando algo entra en declive, todo le son pulgas.

El día 26 de abril, tres días después de la feria de los codiciosos, me fui a una librería de la calle Verdi y me compré "El día del Watusi", la grandiosa novela de Francisco Casavella que llevo tiempo deseando leer. Unos años atrás habría ido a comprarla a un puesto de Sant Jordi, pero ya no me da la gana. Lo hice tres días más tarde, armado con la paciencia del que sabe que la venganza se sirve fría, como el Chardonnay. Me sorprendió ver la librería bastante llena de público que preguntaba, miraba e incluso compraba. En sus ojos vi que les sucedía lo mismo que a mi: nos hemos esperado a que pase la fiesta para no engrosar las cifras de la tontería. Fue entonces cuando pensé: quizás esa juerga de la codicia ha empezado su declive. Amén.

Lo de "Sant Jordi" es el cuento del Rey Midas pero con un epílogo nuevo: el rey convierte en oro todo lo que toca, pero un tiempo más tarde el oro se le convierte en mierda putrefacta. Ese nuevo cuento podría aplicarse a la historia general del capitalismo, que es la versión técnica del pecado de codicia para tiempos descreídos.

Todos los desastres tienen unas causas reconocibles. Tras el asunto de "Sant Jordi" yo he descubierto algunas, que no son ni las únicas ni las mejores:

  • Cuando yo era pequeñito, el 23 de abril era Sant Jordi, el "Día del libro". Ahora es "Sant Jordi" a secas, más en consonancia con la euforia nacionalista que arrasa Europa y emponzoña la vida en Cataluña.
  • Un fenómeno extraño recorre el mundo: la sacralización del libro y de la lectura, inversamente proporcional a la caída de lectores y compradores de libros. Trabajo como docente de niños pequeños, y ayudarles en el aprendizaje de la lectura es lo más importante de mi tarea. Saber leer es muy importante, vaya eso por delante. Pero no más que saber convivir, ser analítico, ser crítico, curioso. Hay libros buenos, libros malos y libros malísimos: saber distinguir entre ellos es esencial. 
  • La prensa y su manía por los ránkings y los números: no entiendo esa obsesión de la prensa por hablar de los libros más vendidos, como si el dato numérico contuviera alguna verdad de la buena. Si fuese así, McDonald's sería el mejor restaurante del mundo, y que se quite la dichosa Guía Michelin. Eso lleva tiempo sucediendo -y va a más-. Por eso, la protesta de Andreu Martín me parece ingenua: ¿no se había dado cuenta hasta ahora de que ese Sant Jordi no es para él si no para Pilar Rahola y los youtubers?
  • Hablando de cifras: se habla de los números de libros más vendidos porqué no hay forma de contabilizar la lectura. ¿Cuál será el libro más leído? El análisis cuantitativo es impotente aquí y es por eso que deviene ridículo. De los miles que se han comprado el último Rahola, solo unas decenas se lo van a leer: esa afirmación es gratuita e intuitiva, y la escribo para demostrar la papanatez de los números y los ránkings. (Bueno, y también la escribo porqué no soporto a Pilar, la trabucaire).
  • Las estrategias comerciales de las editoriales presentan el libro tal como Nike sus nuevas zapatillas, Decathlon sus vestimentas para runners o Jean Paul Gaultier un perfume. La palabra "literatura" ha desaparecido, la crítica literaria es residual y el ensayo literario ha muerto.
Debo añadir algo más, y advirtiendo que es una apostilla prescindible que solo me atañe a mi: un día antes del 23 de abril tuve la mala suerte de escuchar el discursito del esforzado Puigdemont, que arengaba a los catalanes a salir por Sant Jordi y comprarse rosas y libros. Dijo que pasearse por la calle con un libro y/o una rosa es un acto de afirmación de la identidad catalana. Fue así como Puigdemont me dió la estocada definitiva que me dejó encerrado en casa el día 23. Me quedé encerrado y escribiendo mi novela: nadie es perfecto, ni del todo coherente. El día 26 compré un libro y el 21, dos.

4 comentaris:

  1. Ahhh ....Otro ataque de lucidez ¡¡¡
    Hilas fino, germá...Molt fí.
    Creo que no serás nombrado catalán del año....lo presiento.
    Salut ¡

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    1. Gracias! No seré ni català de l'any ni premi d'horror de les lletres catalanes, sin duda.

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  2. Genial Lluís Bosch.

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    1. Ostras, otro como yo,pensé al leerte y releerte. Yo hasta me cambio el Jordi por el Chordi que me huele mas a Charnego que no es mi estado, pero me place mas...Un abrazo

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