22 de juny 2017

La línea de la sombra



Hoy, la dirección de la escuela en donde he trabajado a lo largo de este curso me ha comunicado que no cuenta conmigo para el próximo. No ha sido una reunión tensa ni ha habido disgustos. Estaba cantado. Puestos a elegir, elijo cambiar, así que estamos de acuerdo y no hay objeciones ni despecho ni reproches. Cuando me marchaba para casa he recordado el primer día en este colegio. A primeros de septiembre también hacía un calor bochornoso. Mi primer recuerdo es la reflexión que me hice sobre el aspecto de búnker que presenta la arquitectura de la escuela. Como otras muchas. Muchísimas, por desgracia.

El centro está enclavado en el centro de un barrio con mucha inmigración, sobretodo magrebí. Aunque también hay niños y niñas de procedencia latina y alrededor de un 30% de autóctonos, todos castellanoparlantes. El barrio fué conocido años atrás por ser el epicentro de unos conflictos étnicos que dieron mucho que hablar en la prensa, y a día de hoy es uno de los colegios de primaria que se merecen el calificativo de "centro de alta complejidad" que otorga el estado. Por fortuna, si hay tensión étnica en el barrio está bastante dulcificada. No es fácil la convivencia entre humanos pero ahí estamos.

Soy maestro de primaria y mi condición laboral es la de "interino", como en la vida. El maestro interino es un trabajador de la educación que ejerce en calidad de grumete, contratado para una travesía y luego ya veremos. Eso tiene ventajas y desventajas que ahora no voy a precisar. Para vivirlo en paz solo hay que ser consciente de ello, y recordar que esa fué nuestra elección. En no querer ser funcionarios, elegimos la incertidumbre. O la incertidumbre nos eligió a nosotros, qué más da. Lo que me gusta de ésta profesión es todo lo que aprendo cada nuevo curso. Me lo enseñan ellos, esos niños y niñas que van a ser adultos dentro de un tiempo, que aprenden a serlo a veces incluso a pesar de sus maestros. Quizás alguno de ellos será mi médico del seguro dentro de unos años, o mi asistente social o mi cuidador de viejecitos. O el poli que me riñe, o el mangante que me atraca o el revisor del gas que me llama cada cinco años. O el tipo que malvive con su Pirmi y se la gasta en cañas sentado en un una terracita soleada. Y en cualquier caso los ciudadanos del futuro, el futuro de España está en sus manos. Pero, por ahora, en este presente contínuo del adulto, aprendo de su curiosidad, de su buena fe, de su confianza, de su inocencia, de su mala leche embrionaria, de su intuición.

Y de sus sentidos. Cuando encuentro una prenda de ropa extraviada, ellos la huelen y dicen: huele a Francisco. Y es de Francisco. Y si dicen huele a Salma, es de Salma. Eso me fascina y me pregunto: ¿cuándo se pierde esa facultad? ¿Porqué se pierde? ¿Qué otras facultades perdidas me pueden enseñar?

Es gratificante trabajar así, aunque sea a salto de mata y de escuela en escuela. Hay que aprender el significado real y profundo del término "desapego" y hay que trabajarlo en el aula: esos niños y niñas que he querido tanto durante este curso deberán vivir la pérdida de su maestro cuando vuelvan en septiembre y yo debo aprender a vivir mi propia pérdida, la de esas 25 personas de seis y siete años, con quienes tan bien lo hemos pasado juntos. Jugando, charlando, festejando e incluso aprendiendo como se dibuja el trazo de las letras o la descomposición de la decena. Eso no es nada fácil, pero la vida es así y esa va a ser mi última "lección". Aunque a mi el rollo magistral no me gusta nada.

El sujeto de la educación es el niño. No es el método ni es el maestro. No es nada más que el niño. Es el niño el protagonista de su aprendizaje, y yo he tenido el placer de acompañarles durante un curso en su viaje por el mundo. Quizás por esa perspectiva mía, tan privada como pensada pero también, quizás, tan personal, no he encajado bien en un colegio cuyo principal interés -después de cosechar buenos resultados académicos, hay que decirlo- es el asunto de la disciplina y el orden. Que los niños permanezcan sentados y en silencio, que solo hablen cuando el maestro les obsequia, arbitrariamente, con el derecho a hacerlo, y que cuando hablen lo hagan sobre el tema que toca. Parece muy difícil pedir todo eso a un ser humano de seis años. Incluso parece una pretensión contraria a la naturaleza, no solo a la del niño de seis años si no a la propia naturaleza humana. A mi no me parece que se deba respetar la idiosincracia del niño, si no la de la persona. Eso me parece "educación". Cuando la educación incluye la prevención, el respeto, la acogida incondicional del otro tal como es.

Cuando vi la silueta sobria de la escuela en la que he vivido un año pensé lo del búnker. Y ahora, cuando se termina, pienso que es un búnker. En muchos aspectos que no son arquitectónicos, si no de arquitectura mental. En cierto sentido lo he vivido como un fuerte, una posición avanzada en el linde del territorio enemigo: me duele que una escuela que podría ser un laboratorio de convivencia entre etnias y culturas actúe como un fortín numantino. Hay un día en que se celebra "el día de las lenguas maternas" y las familias de otras culturas entran en las aulas para explicar algunas cosas. Pero el resto, los 174 días restantes (el curso dura 175 días), son "los 174 días de la lengua catalana, que nunca es la materna". Hemos decorado los pasillos y las aulas, pero jamás hemos decorado esa fachada austera, murallesca, impenetrable. La fachada siempre muestra ese aspecto de empalizada. A lo largo del curso he pensado mucho en Foucault, pero también en la novela que más me ha gustado de Coetzee, "Esperando a los bárbaros".

Y sin embargo hoy no pienso ni en Foucault ni en Coetzee. Pienso en Malak, que empezó el curso sabiendo escribir apenas su nombre y lo terminó escribiendo un cuento casi dadaísta sobre ratones con nombres humanos que ocupa doce páginas, y pienso en Salma, que no hablaba con cristianos y ahora me cuenta su vida, y en Yahya, que lo suspende casi todo pero lo sabe todo, en Rosa, cuya vida es un via crucis y sin embargo se ríe y se ríe, en Omar, tan entusiasta que pretende ser astronauta, en Jan, que combate su déficit de atención con la valentía del héroe, en Francisco, que carga con las dificultades de la vida con una sonrisa, en Oscar, que se evade cual Philip K. Dick en sus mundos de fantasía, en Assía, que se despide de mi regalándome la receta de una tortilla marroquí y exquisita escrita de su puño y letra, en Marcos, que se ensaya de superviviente en un barrio complejo, en Daira, que sueña con princesas imposibles y buenas, en Steven, que sueña callado en los paisajes peruanos, en Maybelyn, que a veces me suelta una palabra en guaraní, y en la otra Malak, cuando me cuenta como es su casa en el pueblo de Marruecos, y en Rayan, que no se puede contener sus ganas de vivir, en Ada, que quiere saber como es el mundo, en Emily, ensoñada y bailonga, en Alfonso, que por fin se soltó y me dió su alegría infinita con esas carcajadas anchas, tan de negro africano, en Mohamed El Amin, que quiere saberlo todo de los meteoritos, y en la tercera Malak (perdóname el ordinal), que cuenta los pasteles fabulosos que hace su padre pastelero, en Douaae y sus silencios llenos de palabras y de anhelos, en Anás, tan discreto y tan listo, en Ismael, que me enseñó a ser paciente y confiado, en Marc Anthony, que me abraza cuando le reconozco su esfuerzo. Y en Dunya, que se preocupa y lucha para que todo salga bien, para que todos estén contentos, la que siempre pregunta: ¿a quién debo ayudar? (pero en realidad ya lo sabe).

A todos ellos no les deseo que sean felices, porqué eso es otro asunto. Espero que sean buenas personas y ciudadanos que sepan defender sus derechos. En el mundo más bien hostil que les espera. ¡Suerte y persistencia, muchachos!



Nota: El título del texto es una paráfrasis de una de las mejores novelas de mi admirado Joseph Conrad, "La línea de sombra" (The Shadow Line), novela sobre el tránsito de la edad joven a la adulta, el peso de las decisiones, la metáfora constante del viaje (siempre hacia lo incierto).

23 comentaris:

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    1. Gràcies per deixar-te caure per aquí, Siscu!

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  2. El millor regal que els hi pots fer és haver sigut el seu mestre. Preciós.

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    1. En realitat són ells els qui m'han fet regals, tot i no ser-ne conscients.

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  3. Qué pena perderte, mis hijas no podrán tener la gran suerte de tenerte como maestro.
    Suerte

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    1. Seguro que tendrán otros buenos maestros, Carmen. Hay que confiar en la vida.

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  4. Gracies per aquest escrit, me'l guardaré per anar-lo rellegint de tan en tant.

    salut

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    1. Quants anys fa que ens coneixem, Francesc?

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  5. No voy a negar que me has hecho saltar más de una lágrima.
    Haré como FRANCESC, pero yo lo colgaré ahora en Totbarcelona, porque se lo merecen. Tu y tus niños.
    Salut

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    1. No me gusta nada provocar lágrimas pero bueno, está bien usar el lagrimal.

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  6. Quina pena Lluís encara que la Amy no anava a la teva classe soc concient del gran profesor que ets i de lo bona persona que ets espero que algún día trobis una escola que tinguin els mateixos pensaments que tu ja que es la manera que realment s'ha de pensar . com be que dius els nostres fills son el futur i depén de la educació que tinguin serán metges o lladres . marginant la societat no milloren les coses sino que crea conflictes i odi on no ha d'haver . la convivencia es dificil entre el ser humá pero si ens adaptem tots arribarem a bon port encara que sigui per el futur dels nostres fills.
    gracies per hot el que has fet per aquests peques ja que Amb l'edat que tenen els hi será difícil oblidarte fins aviar!

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    1. Moltes gràcies per aquest comentari. M'emociona.

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  7. Escuelas búnker...cuántas a lo largo y ancho del mapa. Construímos muros y encerramos allí a nuestros niños, porque así nos sentimos más seguros, anulando su creatividad y llamando a esto "educación". Hace unos días yo también he decidido volar. No puedo ser realmente maestra si no puedo enseñar en libertad.

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    1. Es muy difícil enseñar en libertad dentro de un sistema educativo construído por políticos. Bueno, si lees un poco a Foucault ya me entiendes. Sin embargo, hay que tener esperanza (aunque digan que la esperanza nos esclaviza y algo hay de cierto en eso), y buscar las oportunidades y los espacios de libertad.

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  8. Tú no eres un maestro que se deje enjaular. Emocionante la crónica de este curso, de tus niños y de esa fina percepción que tienen y aún no han perdido. Te recordarán siempre porque ya formas parte de su futuro.

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    1. Hay que pactar con el sistema. Eso es lo que he aprendido tras años de trabajar en él. Pactar no significa arrodillarse ni aceptar. Proponer y trabajar des de adentro.

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  9. Me ha parecido tan interesante el fondo como emocionante el lenguaje con que te expresas que no he podido por menos que publicar la entrada en mi blog, sin tu permiso, naturalmente. Ánimo, que es mejor ser maestro de una escuela moral y libre que del engranaje comercial y político que doblega a las almas independientes. Un abrazo.

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    1. No debes pedir permiso. Lo que publico es eso, público.

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  11. Home Lluís, em vinclo davat teu i davant dels teus alumnes. Sempre he admirat de tu que hi ets de debò quan hi ets, i alhora, la teva capacitat de desaferrament. Ets una ànima lliure i intentes fer persones lliures. Et, felicito, un cop més.

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    1. Gràcies, Maite. Quan penso quins articles comentes i quins no entenc quina és la bona direcció.

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  12. Lo que dices sobre tu manera de pactar con el sistema me ha recordado una poesía de Silvio Rodríguez que dice así:

    "No quepo en su boca, me trata de tragar
    pero se atora con un trébol de mi sien.
    Creo que está loca; le doy de masticar
    Una paloma y la enveneno de mi bien".

    Salut, company!

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  13. Me he emocionado leyendo tu post. Te deseo mucha suerte. Las cosas poco a poco van cambiando y hay muchos centros donde valorarán tu forma de trabajar. Igual no te descubro nada, pero has mirado las comunidades de aprendizaje? Hay también bastantes escuelas públicas que trabajan por proyectos, que se lamentan justamente de lo contrario que tú, de que les desestabiliza que cada curso les llegan interinos con ideas muy conservadoras que continuamente ponen en duda su proyecto educativo.

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